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jueves, 14 de abril de 2011

Los ojos de la bestia


Aún era una cría. Cúando entré en casa me estaba esperando una de esas broncas. Las de siempre. Recuerdo palabras sueltas "en esta casa hay unas normas, mientras estés bajo este techo vas a cumplirlas" o "nunca llegarás a nada y no intentes..." Pero esa bronca fue distinta a todas las demás. Puede que fuera mi punto de vista; puede que me hiciera mayor. Pero por primera vez sentí el deseo de huir y no volver jamás.

Recuerdo salir corriendo desesperadamente para encontrar un lugar en el que refugiarme. Bajé la cuesta del parque a toda mecha y al llegar, recuerdo el caos.
Recuerdo la sangre, los gritos, el horror en el ambiente, el olor del miedo. Recuerdo a la gente correr intentando salvar sus vidas. Estupefacta, salí corriendo de nuevo y me paré en seco.
Había cadáveres, decenas de ellos. Había mujeres llorando a sus maridos y ancianos despidiendo a sus nietos en un trémulo silencio.

Y entonces lo ví.
Jamás habría imaginado algo así. Era un perro, leonado, con brillante pelaje negro moteado. Tenía un tamaño descomunal, medía más que un caballo. El vello de sus hombros estaba erizado y corría dando dentelladas a cualquier viandante que se cruzara en su camino. Su al rededor, cual aura, brillaba de un negro profundo. Despedía odio.

Lo contemplé estupefacta y cerré los puños. Quería salir corriendo por puro terror. Pero algo en mí, me decía que no lo hiciera. Debía quedarme quieta. Cerré los ojos, un sólo momento.

Y al abrirlos, me topé de lleno con sus ojos. Recuero que tan sólo fue un instante, pero jamás ví algo cómo aquello.
Sus iris no tenían color fijo, eran cómo una mezcla cambiante de texturas aterradoras. Una sinfonía de colores que aterraban nada más mirarlos. Y, sin embargo, había bondad en ellos. Por un instante me sentí tranquila, en paz.

El enorme animal se paró un minuto, observándome.
Sé que debería haber tenido miedo. Pero no lo tenía. Sé que, probablemente, tendría que haber huído para salvar mi vida. Pero tampoco lo hice. En mi mente, tan sólo dos frases "No tengas miedo, no has de tenerlo. No te atacará si no le das razones para hacerlo". Así que me quedé allí, respirando pausadamente.

Y entonces, empezó.
Corrío hacia mí tan deprisa que apenas podía contemplar su sombra. De alguna forma sabía que nada pasaría. De repente, saltó sobre mí y atrapó mis brazos con sus enormes zarpas. Recuerdo los gritos horrorizados a lo lejos:
"Dios, la va a degollar" "Mira, pobre niña" Aunque no les hacía caso. Lentamente acercó su cara a la mía, y me lamió. Me sorprendí, no entendía nada.

Recuerdo no comprender lo que pasó, y lo siguiente que recuerdo fue un disparo y al infeliz animal saltando como un resorte.

Esa fue la primera vez que sentí dos emociones tan seguidas y tan opuestas la una de la otra. Fue la primera vez que sentí paz, justo después de sentir miedo.
Y fue la primera vez que realmente sentí una gran pérdida por algo.



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